Dos escombros

A infraestrutura devastada por tempestades de Porto Rico precisa de um investimento maciço em projetos

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Trabajadores que intentan reparar las líneas eléctricas después del huracán María, en Puerto Rico.

Los problemas de infraestructura de Puerto Rico comenzaron hace mucho tiempo. Pero este año, una serie de sismos, junto a los huracanes Irma y María en 2017 —que provocaron USD 139.000 millones en daños—, empeoraron el ya infrafinanciado y anticuado sistema de este territorio de EUA.

En su Tarjeta de calificación de la infraestructura de Puerto Rico de 2019, la Sociedad Estadounidense de Ingenieros Civiles (ASCE, por sus siglas en inglés) dio al territorio estadounidense una calificación en infraestructura general de “pobre: en riesgo". Ninguna de las categorías evaluadas en el informe —puentes, represas, agua potable, energía, puertos, caminos, desperdicios sólidos y aguas residuales— obtuvo una calificación superior a “pobre”.

La infraestructura energética de Puerto Rico fue la única en recibir una calificación insuficiente. Puerto Rico reveló en octubre un plan de 10 años de USD 20.000 millones para reconstruir y garantizar el futuro de la red energética de la isla. Los objetivos del programa son, entre otros, enterrar líneas de transmisión, crear sistemas capaces de soportar fuertes vientos y diversificar la matriz energética en una isla que depende en un 98% de combustibles fósiles.

“La infraestructura energética está en condiciones críticas”, señala Héctor J. Colón De La Cruz, Ingeniero y Presidente de Sección para Puerto Rico de la ASCE en San Juan, Puerto Rico, EUA. ¿Los problemas más urgentes? Bajo nivel de resiliencia, interrupciones frecuentes, bajas tasas de confiabilidad, dice. “No puede resistir otro huracán”.

Falla de sistema

El huracán María diezmó la matriz eléctrica de la isla, resultando en el segundo mayor apagón registrado. Las reparaciones de urgencia para restaurar la energía lo más rápido posible no abordaron la sostenibilidad a largo plazo. La frágil infraestructura energética de Puerto Rico “plantea una amenaza inmediata para la salud pública, el desarrollo económico y la competitividad internacional", detalla Colón De La Cruz. Reconstruirla requerirá del desarrollo de una operación resiliente de la matriz, aumentar la capacidad del sistema y revisar los estándares de diseño para cumplir con los códigos modernos del sector, agrega.

También son necesarios los proyectos de agua. A pesar de sus significativas precipitaciones, muchos residentes deben racionar el agua casi todos los años. En parte, esto se debe a que se estima que un 58% del agua no facturada —agua que se bombea pero se pierde o cuyo destino se desconoce— desaparece al pasar por el anticuado sistema plagado de fugas y al rebasarse de los estanques.

Los rellenos sanitarios también están sobrepasados. Irma y María dejaron atrás cerca de 2,5 millones de toneladas de escombros y su destino continúa siendo una preocupación. En 2018 la Agencia de Protección Ambiental de EE. UU. indicó que los rellenos sanitarios activos alcanzarían su capacidad máxima en menos de cinco años.

Para sustentar el crecimiento económico y la competitividad, la ASCE recomienda que Puerto Rico aumente su inversión en infraestructura hasta en USD 23.000 millones durante la próxima década —brecha que no incluye el gasto en proyectos de recuperación de los huracanes anteriores. Hasta noviembre, Puerto Rico solo ha recibido alrededor de USD 14.000 millones de los USD 42.500 millones en ayuda para la recuperación de huracanes apropiados por el gobierno de EUA. Sin embargo, Colón De La Cruz visualiza el informe de la ASCE como una hoja de ruta para lograr un mejor futuro, con una mejor calidad de vida y de ninguna forma como una forma de atraer inversiones en infraestructura.

“Esta es una oportunidad para reformular la manera en que pensamos y la forma en que abordamos nuestra infraestructura”, sostiene.

Una manera de asegurar el correcto uso de los fondos federales sería demostrando que los líderes de proyecto tendrán un firme manejo del presupuesto y de los riesgos. El primer paso es crear planes de infraestructura integrales, tanto de corto como de largo plazo, que adopten un detallado análisis de costo del ciclo de vida, afirma Colón De La Cruz. Estos planes también deberán seguir estrictos cronogramas de mantenimiento e incorporar materiales que resistan el clima.

“Hemos hecho lo posible con los fondos disponibles, pero ahora necesitamos que las agencias federales distribuyan el dinero según lo planificado”, asegura. “Creo que tenemos una oportunidad de hacer que nuestra isla sea más resiliente y sostenible, de mejorar nuestra economía y estar mejor preparados para cuando ocurra el próximo desastre”. —Jennifer Thomas

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