El 20 de julio de 1969, el mundo observó con asombro e incredulidad cómo el astronauta estadounidense Neil Armstrong rebotaba lentamente sobre la superficie de la luna. Fue un pequeño paso para el hombre y un paso gigantesco para la dirección de proyectos.
Mucho antes de que la NASA lanzara ese cohete y cápsula de 2,8 millones de kilos (6,2 millones de libras), los especialistas de control de la misión y astronautas de la agencia espacial estadounidense atravesaron duras pruebas fisiológicas y sicológicas, capacitación técnica y simulaciones de misión. La repetición los ayudó a identificar y prepararse para posibles peligros en todo momento, desde el despegue hasta el amerizaje.
Un solo error en la ejecución podría haber tenido consecuencias letales. Solo dos años antes, tres astronautas habían muerto durante un ensayo de lanzamiento en un módulo de comando, lo que llevó a la NASA a realizar 125 cambios de diseño y seguridad para garantizar que el Apolo 11 tuviera éxito. Prácticamente todos los sistemas y procedimientos requirieron un respaldo, e incluso los sistemas que pasaron con excelentes resultados fueron sometidos a auditorías secundarias. Una matriz garantizaba que existiera un protocolo de solución de problemas para cada situación.
Como señaló el historiador jefe de la NASA, Roger D. Launius: “Parece ser que el legado más duradero del Apolo fue humano: un mayor entendimiento sobre cómo planificar, coordinar y supervisar las innumerables actividades técnicas que fueron los componentes esenciales del Apolo”.
Legado lunar
El Apolo 11 fue el inicio de otras monumentales misiones a la luna en los últimos 50 años:
1970: Lunokhod 1 de la URSS transporta el primer vehículo robótico para explorar la luna.
1973: El módulo estadounidense Mariner 10 estudia la luna en su camino a Mercurio y Venus.
1990: El orbitador Hiten se convierte en la primera misión a la luna de Japón.
2003: La Agencia Espacial Europea lanza su primera misión a la luna, SMART-1.
2007: China realiza su primera misión lunar, Chang’e 1.
2008: India envía su primera sonda lunar, Chandrayaan-1.
Órbita eterna
Más de 1.600 innovaciones se desarrollaron a partir del programa espacial Apolo y NASA, las cuales tuvieron un efecto que va desde los colchones hasta las cámaras de los teléfonos móviles.
Fuente: NASA
INFLUENCIA PERSONAL
Todo el programa Apolo me inspiró. El objetivo principal del programa se logró con éxito y a tiempo, a pesar del incendio del Apolo 1 en 1967. Superar ese importante contratiempo requirió visión, liderazgo y gran valor. El programa Apolo también tenía una oficina de programas omnipotente con autoridad centralizada sobre el diseño, ingeniería, abastecimiento, prueba, construcción, fabricación, repuestos, logística, capacitación y operaciones. Esa estructura les permitió superar la complejidad de su iniciativa y el enorme número de interesados que se debía manejar, incluyendo a todos los subcontratistas. Por último, fue necesario un gran trabajo en equipo para resolver los desafíos, como traer de vuelta a la Tierra a los tripulantes del Apolo 13 después de la explosión de un tanque de oxígeno.
—Marc Burlereaux, PMI-RMP, PMP, PgMP, Gerente Sénior, Sycordis, Ginebra, Suiza
Nací en 1961. Mi abuela solía leerme De la Tierra a la Luna de Julio Verne. Más adelante vimos juntos el alunizaje en el televisor blanco y negro de la familia, en mi hogar en Argentina. La llegada del hombre a la luna en 1969 me inspiró a saber cómo y por qué se logró.
—Sergio Luis Conté, PMI-ACP, PMI-PBA, PMP, Supervisor Senior de Dirección de Proyectos y Programas, PepsiCo Latinoamérica, Buenos Aires, Argentina