Hay un motivo para que la llamen la bóveda del fin del mundo. En la profundidad de una montaña del Ártico, en Noruega, la Bóveda Global de Semillas de Svalbard fue construida para proteger el inventario de alimentos del mundo, sin importar lo que la Madre Naturaleza u otras fuerzas le hagan enfrentar. Terremotos, guerra, inundaciones, incluso el temido descongelamiento. Nada importa. Fundado por el gobierno de Noruega, el proyecto de USD 9 millones se diseñó específicamente con el fin de proporcionar un refugio seguro para cerca de 1 millón de muestras de semillas consideradas esenciales para la civilización humana.
“Es una importante póliza de seguro en caso de que las cosas vayan mal en el mundo —lo que está ocurriendo”, afirma Marie Haga, Directora Ejecutiva de Crop Trust, que administra y controla la bóveda junto con Nordic Genetic Resource Centre. “La diversidad de los cultivos es demasiado importante como para dejárselo al destino”.
Aunque la bóveda está construida para durar al menos 200 años, los beneficios no se limitan a un lejano futuro distópico. El primer retiro de semillas de la bóveda tuvo lugar solo siete años después de su construcción. Los conflictos en Siria habían puesto en riesgo un banco de semillas en Alepo, por lo que el equipo de investigación retiró semillas de la bóveda de Svalbard para establecer dos nuevos bancos de semillas regionales en el Líbano y Marruecos.
Plantar las semillas
La idea de una bóveda mundial de semillas comenzó a tomar forma en 2001, cuando Naciones Unidas estipuló reglas para compartir y acceder a material genético de plantas. Para el año 2004, el gobierno de Noruega había estudiado la factibilidad técnica y política. Se eligió una isla remota en el archipiélago de Svalbard, a cerca de 1.000 kilómetros (620 millas) del Polo Norte. La región montañosa eliminaba el riesgo de inundaciones y el permafrost de la zona facilitaría cumplir los requisitos de temperatura baja de la bóveda, incluso si el sistema de enfriamiento de las instalaciones fallaba y la temperatura externa subía. Además, el Aeropuerto de Svalbard cuenta con la pista comercial más septentrional, por lo que los envíos de semillas no serían un problema.
Después de seleccionar el lugar, Statsbygg, una agencia de construcción del gobierno noruego, comenzó a diseñar la bóveda. En el primer lugar de la lista de especificaciones estaba la capacidad de almacenamiento de hasta 4,5 millones de tipos de semillas. El equipo consideró inicialmente usar una mina vacía, pero la opción presentaba posibles riesgos como gases de hidrocarburo residual peligrosos y la posibilidad de que los restos de carbón se incendiaran. El equipo hizo su propia excavación y creó un túnel de acceso de 146 metros (479 pies), que conducía 120 metros (394 pies) en el interior de la montaña hasta tres bóvedas distintas, cada una de 27 metros (89 pies) de longitud, aproximadamente.
Una vez iniciada la construcción, un equipo partió con la misión de recopilar una muestra de cada tipo de semilla, recorriendo el planeta y explicando su proyecto. Era un mensaje simple pero urgente: comparta sus semillas y salve al mundo. El equipo comenzó con los grandes bancos genéticos y usó ese apoyo para persuadir a entidades locales más pequeñas a unirse. Para fomentar la participación de los países desarrollados, el equipo pagó una parte de los costos de envío de las semillas.
Cuando se inauguró en febrero de 2008, la bóveda contenía 320.000 muestras de semillas. Hoy la Bóveda Global de Semillas de Svalbard alberga casi 1 millón de muestras, la colección más diversa de semillas de cultivo del mundo. La búsqueda de semillas es una misión constante.
En el interior de la bóveda
Revisión del túnel
Se suponía que la gruesa capa de suelo congelado que rodea la Bóveda Global de Semillas de Svalbard mantendría impermeabilizado el túnel de entrada y el resto de las instalaciones. Sin embargo, cuando el equipo de construcción intentó restablecer el permafrost de la montaña después de finalizar el proyecto en 2008, el aumento de la temperatura provocado por el cambio climático impidió que se volviera a congelar. Más tarde eso causó filtraciones en el túnel de acceso, aunque las cámaras de almacenamiento de las semillas permanecieron secas. En febrero de 2018, el gobierno noruego inició una renovación de USD 12,7 millones para construir y sellar un nuevo túnel de acceso. Su finalización está programada para este año.