Se trataba del entretenimiento perfecto durante la pandemia —como lo demuestran los números. El ardiente drama de época de Netflix, Bridgerton, cautivó a 82 millones de espectadores en todo el mundo durante los primeros meses de su estreno en diciembre. Una parte del atractivo de la serie era, sin duda, la necesidad de cambiar la monotonía del confinamiento por la lujuria, la riqueza y el escándalo del período Regencia. Pero también resultó en una declaración de la moda; un frívolo placer que llegaba en un momento en que incluso los más dedicados seguidores de la moda se vestían con ropa y calzado deportivo. Entregar ese tipo de estilo requería un esfuerzo gigantesco de creación y curación de vestuario.
La empresa de producción Shondaland colaboró con la diseñadora de vestuario Ellen Mirojnick para recrear el estilo de la sociedad de Londres de inicios del 1800, pero con una sensibilidad de alta costura contemporánea. Sin embargo, luego de explorar las casas de vestuario en busca de vestuario para arrendar y descubrir que no encontrarían el vestuario para satisfacer la estética deseada de la serie, Mirojnick optó por la personalización. El equipo de más de 200 personas crearía todo, desde vestidos hasta joyas, hasta… respire… los corsés. Trabajando bajo un riguroso cronograma, compraron telas y se coordinaron con los mejores artesanos para crear vestuarios dignos de la realeza. El equipo tenía seis meses para preparar y entregar el vestuario —una experiencia que Mirojnick calificó de “emocionante y abrumadora”.
“Cuando [Shondaland] se nos acercó, dijimos desde el principio que no se trataba de un asunto menor y que necesitábamos muchos recursos”, indicó. “Y tuvieron la oportunidad de alejarse en ese punto. Pero no lo hicieron”.
Al igual que la primera temporada del programa (alerta de spoiler), el proyecto tuvo un final feliz. El equipo entregó un impresionante número de 5.000 prendas, incluidas 104 solo para la protagonista socialité Daphne Bridgerton, como así también 2.500 accesorios, como sombreros, chales y sobretodos. La fiesta visual dejó satisfechos no solo a los espectadores sino también a los críticos y el programa se ganó una nominación a un Emmy por los sobresalientes vestuarios de época.
Esta es la forma en que Mirojnick y otros líderes de proyecto llevaron a cabo la fantasía de la moda:
Comenzaron con un manual de estrategias de la moda.
Para crear una visión compartida y fácilmente accesible para el estilo de la declaración de la moda de la serie, el equipo creó un lookbook que describía tanto la vestimenta de la época y los lujosos giros modernos, sino también los estilos que combinaban a ambos. La inspiración para las imágenes en el libro provino de pinturas, imágenes en línea e incluso una exposición de un museo —Christian Dior: Diseñador de Sueños en el Museo de Victoria y Alberto en Londres.
“Se trató de una forma de mantener a todas las personas del equipo y del elenco coordinados y dar una sensación de la estética sin definir a cada personaje”, señaló Mirojnick.
Decidieron dejar fuera el bonete.
Los bonetes eran muy utilizados eneste periodo, pero su forma ocultaba la cara de los actores y los hacía parecer mayores. “Hay algo psicológico en el bonete que nunca hubiera funcionado en esta serie”, comentó el codiseñador John Glaser. “Los bonetes hacían que nada más funcionara. Entonces, en su lugar, el equipo creó accesorios para el cabello con un guiño al bonete, incluidas piezas de paja en forma de media luna con acentos de plumas o flores.
FOTOGRAFÍAS CORTESÍA DE NETFLIX
Decidieron dividir para conquistar.
Mientras Mirojnick y sus codiseñadores corrían al compás del reloj, dividieron al equipo en especialidades: cortadores de patrones, sastres, sombrereros, bordadores, un fabricante de corsé de fama mundial y un equipo completo dedicado a los accesorios.
Para asegurar que a las señoras de la alta sociedad no les faltara brillo, los líderes del proyecto incorporaron a un diseñador de joyas para crear piezas a pedido mientras que otras piezas se compraron a comerciantes de EUA y Europa. Con una diversidad de personajes de fondo y secundarios que vestir, el equipo llenó una bodega con estantes de ropa de empresas de vestuario. Esa gran colección de vestuario adquirida también sirvió a los personajes principales ya que los diseñadores acudieron a esta para cambios de último minuto.
Resolvieron problemas de material con magia virtual.
Realzar la precisión histórica del Londres del siglo 19 a través del lente de la alta costura hubiera exigido vestir a los actores en algodón debido a que las telas lujosas eran escasas durante el período Regencia debido a las Guerras Napoleónicas. Para otorgar a los vestidos un toque importante de estilo, los diseñadores experimentaron con recubrimientos, adornos y telas de cortinas. Los artesanos prácticamente crearon su propia tela utilizando el corte por láser y la impresión láser, al igual que el bordado a mano.
El vestuario “siempre tuvo la intención de crear una ilusión de romance o fluidez”, precisó Mirojnick. “No hay prácticamente nada que tenga líneas rectas —es todo ilusión y magia visual”.
Obtuvieron inspiración del color del dinero.
Las vestimentas ayudaron a distinguir a las dos prominentes familias de la serie. Para los Bridgerton, una familia adinerada antigua, los diseñadores decidieron una paleta de colores pastel con azules, verdes y plateados pálidos para reflejar un aire de refinamiento sobrio. Para los nouveau riche de los Featheringtons, los diseñadores optaron por una estética que atraía la atención con un exceso de adornos, patrones audaces y colores brillantes como el verde lima, el anaranjado y el rosado vívido. “Hay tantas contradicciones entre estas dos familias que buscamos cómo unirlas y cómo separarlas”, comentó Mirojnick.