¿D qué está hecho el mundo? ¿Cómo funciona? El intento por dilucidar estas interrogantes fundamentales en la Organización Europea para la Investigación Nuclear (CERN) fue grande. Muy grande. El Gran colisionador de hadrones se construyó para ayudar a recrear las condiciones de los primeros días del universo, mucho antes de que existiera la Tierra.
El proyecto abarcó más de una década y los científicos de la época temían que si no tenían éxito, otros esfuerzos de investigación ambiciosos también serían víctimas de las consecuencias. Afortunadamente, esa preocupación fue solo hipotética: el equipo cumplió.
El Gran colisionador de hadrones es un anillo de 27 kilómetros (16,8 millas) de imanes superconductores y figura entre los aceleradores de partículas más potentes que se han construido. Se encuentra bajo tierra en las afueras de Ginebra, Suiza, emitiendo partículas hacia Francia y de regreso. Para eso se requiere de un nivel de precisión increíble: las partículas que el colisionador acelera son tan pequeñas que hacerlas chocar es como disparar dos agujas a 10 kilómetros (6,2 millas) de distancia y lograr que se encuentren a medio camino.
Desde su debut en 2008, el colisionador ha estado estrellando billones y billones de protones para que los científicos puedan estudiar los resultados. Uno de los logros más notorios del equipo fue identificar el bosón de Higgs, una partícula subatómica que constituye una de las claves para comprender el universo. Después del descubrimiento de Higgs, el vocero del proyecto, Joe Incandela, señaló: “Al final, esta podría ser una de las observaciones más importantes de entre todos los fenómenos de nuestro campo en los últimos 30 o 40 años”.