Con una extensión de unos 43 kilómetros cuadrados (16,6 millas cuadradas) en el desierto abierto y suministrando energía a más de 600.000 hogares, el Parque Solar del Desierto de Tengger fue construido a una escala nunca antes vista, lo que le valió el impresionante título de la planta de energía fotovoltaica más grande del mundo, tanto en tamaño como en producción, cuando estuvo terminada en 2015. Tengger, un esfuerzo conjunto de la Red Eléctrica Nacional China y Zhongwei Power Supply Co., es un representante de la revolución que se está produciendo en China en materia de energía renovable: el país se ha comprometido a tener un suministro de energía limpia para el 35% de sus necesidades totales hacia el año 2030.
En solo un cuarto de siglo, China ha pasado de no tener prácticamente ninguna producción solar a convertirse en líder mundial con la instalación de más del doble de la cantidad instalada del siguiente país más cercano en este ámbito. Si bien todavía depende de combustibles fósiles, China representará casi la mitad de toda la energía renovable del mundo hacia el año 2022. Aunque hay pocos registros públicos sobre Tengger, se trata de un poderoso símbolo del esfuerzo de China en materia de sostenibilidad. Los megaproyectos de este tipo, señala Tim Buckley, Director de Estudios Financieros de Energía de Australasia en el Instituto de Economía Energética y Análisis Financiero, son “solo la punta del iceberg”.