En la búsqueda de responder de forma definitiva la pregunta de si ha existido alguna vez vida en Marte, la NASA lanzó el rover robótico Perseverance de USD 2.400 millones. Luego de despegar el 30 de julio de 2020 desde la Estación Espacial de Cabo Cañaveral, finalmente aterrizó en el planeta rojo en febrero. Sin embargo, el viaje, desde el concepto hasta convertirlo en realidad, estuvo plagado de riesgos —no fue solo la pandemia que llevó a trabajar al equipo de forma remota de la noche a la mañana, sino que el equipo también debió navegar la primera tecnología en su tipo, además de la mera complejidad del proyecto. El ingreso, el descenso y el aterrizaje a menudo se han descrito como “siete minutos de terror” debido a la precisión necesaria —y Perseverance se dirigía “a la topografía más compleja jamás abordada”, según la NASA. Al mismo tiempo, el período de lanzamiento de la misión era compleja y breve: perder la oportunidad significaba esperar 26 meses para la alineación planetaria adecuada.
—Jennifer Trosper, NASA
“La presión en torno el lanzamiento a Marte escapa a la imaginación”, indicó Jennifer Trosper, Directora de Proyecto de la misión Perseverance. “No importa todo el empeño que pongamos, casi siempre subestimamos el tiempo que se requiere hacer algo con este nivel de complejidad. Por eso el cronograma es de la mayor importancia para el equipo de gestión”.
Con un fuerte enfoque en gestionar y mitigar los riesgos, el equipo se aseguró de que la costosa demora de dos años nunca ocurriera.
Recostado encima de un cohete Atlas V-541, el rover Perseverance aterrizó correctamente —y ahora incluso tiene su propio hilo en Twitter. (Pasatiempos: fotografía, recolección de rocas, exploración todoterreno). Su objetivo es buscar indicios de vida microbiana antigua, recolección de muestras de rocas y suelos que puedan ser recolectadas por una futura misión que sea capaz de devolverlas a la Tierra para su análisis. En su barriga se encuentra el Helicóptero Marciano Ingenuity, que desde abril ha estado ocupado realizando los primeros vuelos motorizados controlados fuera de la Tierra y pruebas sobre cómo un vehículo de reconocimiento aéreo podría ayudar a las futuras misiones y al equipo del explorador Perseverance.
Recolectar muestras geológicas y llevarlas de regreso a la Tierra podría “proporcionar la mejor oportunidad de responder estas grandes interrogantes de la ciencia, y específicamente: ¿podría haber existido vida en el pasado de Marte?”, indicó George Tahu, Ejecutivo del Programa de la NASA para la misión de Marte 2020. “Esa es la gran interrogante. Pero también han existido otras interrogantes sobre la historia y la evolución del planeta desde el punto de vista geológico, la historia y la naturaleza actual del clima y también, ¿cómo nos podemos preparar para el futuro de la exploración humana?”
El poder de lo suficientemente bueno
NASA gastó aproximadamente USD 2.400 millones para construir y lanzar Perseverance, y los líderes del proyecto sabían que debían sacar el mejor provecho a ese presupuesto y aún ejecutarlo con una visión controlada.
“No se da la oportunidad de ir a Marte a menudo y pueden existir algunas ideas muy atractivas allá afuera, pero no se puede hacer todo”, dijo Tahu. “Debe realmente depurar cuáles son los objetivos reales y lo que es más factible con un nivel de riesgo aceptable. Puede tener una propuesta de instrumentos nuevos que promete muchas mediciones muy buenas, pero que nunca se ha construido antes o que puede conllevar un mayor riesgo. Debe hacer ese tipo de concesiones”.
IMÁGENES CORTESÍA DE NASA
El diseño de Perseverance se basa en Curiosity que aterrizó en Marte en 2012, pero el equipo agregó algunas características mejoradas. Las capacidades de autonomía del rover han sido ampliamente mejoradas y, en preparación para las futuras misiones humanas, MOXIE (Experimento ISRU de Oxígeno en Marte) está probando la capacidad de producir oxígeno a partir de una pequeña cantidad de dióxido de carbono presente en la atmósfera del planeta rojo.
Al igual que en cualquier organización, los presupuestos y las escalas de tiempo de la NASA son limitados, por lo que el equipo debió calcular cuánto tiempo dedicar a los problemas, cuando inevitablemente surgieron. Por ejemplo, ya muy avanzado el proyecto se detectó un problema durante las pruebas en uno de sus brazos. La unidad de vuelo estaba sellada en el interior de Perseverance. Pero, lograr acceso a ella y sacarla para inspección podía poner en riesgo toda la misión.
“Debimos lanzar una serie de actividades paralelas para comprender si la prueba en sí presentaba fallas o si el hardware presentaba fallas debido a que había algo que no entendíamos sobre el diseño”, afirmó Trosper. “Al final nos convencimos que podíamos evitar el problema si operábamos el brazo a una mayor temperatura en Marte, lo que significaba que estábamos bien para el lanzamiento. Simplemente debe tomar la decisión de acuerdo con los datos y la experiencia que tiene”.
Liderar en la incertidumbre
Trosper, que trabaja en el Laboratorio de Propulsión de Cohetes de la NASA, ha sido parte del equipo de Perseverance durante ocho años en diversos roles que, ella dice, le han proporcionado una mejor perspectiva sobre lo que ocurre en terreno. “Conozco todas las piezas y también cómo están armadas, lo que me facilita ser más efectiva a la hora de ayudar a las personas cuando enfrentan un problema o necesitan orientación sobre una situación difícil, porque he estado en su lugar”.
La pandemia puso seriamente a prueba la confianza. De pronto, los muchos equipos que supervisa Trosper —operaciones de ingeniería, operaciones de robótica, operaciones de instrumentos y ciencia— enfrentaron los estrictos requisitos del confinamiento a solo meses del plazo de lanzamiento. La mayor parte del rover estaba en Florida, en gran parte ya construido y siendo preparado para ser integrado en el cohete de lanzamiento. Pero el equipo debía realizar una serie de pruebas críticas de prelanzamiento y un componente significativo del trabajo necesario para el aterrizaje y la misión en la superficie, todo mientras aprendían una forma completamente nueva de trabajar juntos.
“Una gran parte de lo que hacemos es sumamente cola-borativo; mientras una persona le muestra algo o al mirar la pantalla de otra persona”, afirmó. “De pronto debíamos trabajar de forma remota y que todos participaran en la conversación, aunque no estuvieran en la habitación”.
Parte del personal iba y venía en avión a Florida para terminar las preparaciones de lanzamiento del vehículo. Mientras tanto Trosper trabajaba en un sistema de triage para determinar qué pruebas finales de prelanzamiento eran necesarias y cuáles se podían retrasar hasta después del lanzamiento o incluso hasta después de que Perseve-rance aterrizara correctamente en Marte.
Cuando finalmente llegó el momento del lanzamiento, “Recuerdo haber llegado al trabajo pensando: ¿cómo puede haber tanto en juego en un solo día?”, agregó.
Toda esa agilidad y resiliencia rindió frutos en términos de la exploración. El sitio de aterrizaje, el cráter Jezero, alguna vez tuvo agua (y, por lo tanto, vida), convirtiéndolo en un gran lugar para recolectar muestras significativas. Con un sistema de muestreo y almacenamiento que utiliza más de 3.000 piezas independientes, en septiembre, el rover Perseverance tomó la primera muestra de roca marciana, una pieza levemente más gruesa que un lápiz, en el cráter Jezero. Las muestras ahora forman parte de la campaña para regresar a la Tierra las piezas de Marte de la Agencia Espacial Europea.
Perseverance ahora también se encuentra explorando el sur de Seítah, una unidad geológica dentro del cráter Jezero repleto de dunas, intrigantes crestas, salientes rocosas y bloques de piedra. Analizar todos esos resultados puede tomar años, pero podría revelar secretos incalculables.
“Las rocas son la máquina del tiempo de la naturaleza. La antigua superficie de Marte puede proporcionar una ventana hacia la temprana historia del sistema solar, a diferencia de la Tierra donde las placas tectónicas han eliminado gran parte de esa historia. Entonces, si podemos estudiar las antiguas rocas de Marte, podremos comprender mejor cómo los planetas como el nuestro han evolucionado”, comentó Tahu. “Y al estudiar los ambientes extremos de la Tierra y el potencial de vida en Marte, ese conocimiento puede intersectarse y entremezclarse, y realmente informar nuestra comprensión de la habitabilidad en el sistema solar”.