Louise Brown nació el 25 de julio de 1978 en Inglaterra.
En todos los aspectos, el nacimiento en sí no presentó ningún problema. Pero marcó un punto decisivo en el tratamiento de la infertilidad: Brown fue la primera bebé concebida a través de fertilización in vitro (FIV). La técnica mediante la cual un óvulo es fertilizado fuera del cuerpo y luego implantado en el útero de la mujer, fue desarrollada por los investigadores británicos Patrick Steptoe, Robert Edwards y Jean Purdy tras una década de intentos fallidos y cuestionamientos morales. En esa época, el concepto de reproducción asistida era reprochado en los planos religioso, político y científico. El Vaticano emitió una declaración formal en su contra. El Centro de Investigación Médica del Reino Unido denegó el financiamiento público del proyecto. Y en Estados Unidos, el aclamado científico James Watson advirtió a una comisión del Congreso que si la FIV tenía éxito, “se desataría un infierno”.
El equipo británico acudió a patrocinadores privados para continuar con sus esfuerzos. Cuando Lesley Brown y su esposo se ofrecieron como voluntarios para la fertilización in vitro en 1977, el proyecto finalmente pasó de la teoría a la práctica.
Tras el nacimiento de Louise Brown, la demanda por la FIV se disparó, desafiando controversias y a los opositores. Hoy se calcula que más de 8 millones de personas pueden remontar su origen a esta tecnología. Hacia el año 2100, los bebés FIV o sus descendientes podrían representar el 3,5% de la población mundial, según un estudio de Reproductive BioMedicine Online.
“Muchas cosas han cambiado en las últimas décadas”, escribió Louise Brown en un artículo de U.K. Independent al cumplir 40 años y conmemorarse el aniversario de la FIV. “Pero el deseo de las parejas de tener hijos no ha cambiado”.